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Los sentidos condicionan cómo vemos el mundo

Ana Lemos

 

            Cuando un niño llega al mundo su cerebro está formado, pero es la interacción con el ambiente que le rodea y estimula lo que va a permitir que ese cerebro crezca, se desarrolle y se estructure.

            Durante el desarrollo neurológico el bebé va activando distintas vías de entrada desde los niveles básicos hasta los más sofisticados. En cada uno de los estadíos de desarrollo, necesitamos adaptar la entrada sensorial a unos parámetros, en caso contrario, surgen las dificultades en el desarrollo neurológico. 

            Tenemos cinco entradas sensoriales: la visión, la audición, el tacto, el gusto y el olfato, pero sólo las tres primeras son realmente importantes para el desarrollo neurológico. El gusto y el olfato son sentidos recesivos en el ser humano. Dos de los problemas más habituales son la hipersensibilidad o la hiposensibilidad, que dan lugar a varios síntomas.

La hiposensibilidad

            Sabemos que existe hiposensibilidad cuando el niño  o la niña observa objetos grandes y de colores brillantes, le atraen mucho las fuentes de luz, los cambios de suelo le desconciertan, juega con elementos ruidosos o hacer ruidos directamente.

            Podría también padecer hiposensibilidad si huele cosas y personas constantemente, se siente atraído por los ruidos fuertes, no llora al hacerse daño, llegando incluso a autolesionarse.

            Es posible que el órgano receptor puede tener pérdida de función, por tanto, no habría buena continuidad entre el registro sensorial que hace el órgano y la señal que se trasmite.

            También podría ocurrir que el órgano esté en perfectas condiciones, pero los siguientes estadíos condicionen el registro de la señal y la corteza esté por debajo del umbral de actividad.

La hipersensibilidad

            Podríamos pensar que es favorable sentir, ver, oír más intensamente de lo habitual, de la media común, pero no es así. Cuando tenemos hipersensibilidad el cerebro recibe excesiva información, se rompe el equilibrio entre excitación e inhibición y la excitación es continua. De esta forma, al llegar una señal, esta desencadena múltiples respuestas en la corteza cerebral, más de las que son necesarias. Esta sobreestimulación mantiene a los niños y niñas extenuados al final del día, con una estimulación constante de información que su cerebro requiere analizar. Ante el volumen de estímulos recibidos, la atención no da de sí y el cerebro se satura.

            Podemos decir que existe hipersensibilidad cuando el niño o niña juega a observar objetos pequeños en movimiento, rechaza la luz solar, se tapa los oídos ante los ruidos, por la noche tiene el sueño frágil, rechaza el contacto físico, se desnuda con frecuencia, huele cosas que el resto de niños no llegan a oler, es selectivo con los alimentos, etc.

            En los tratamientos de estimulación de CAIS trabajamos con los niños y niñas en la discriminación de movimientos, olores, colores, sonidos, etc. de forma que el cerebro trabaje al ritmo adecuado y evitar así una sobre-exposición o una infra-exposición a los estímulos que puedan recibir en la vida real, con el fin de evitar problemas del desarrollo neurológico.

Ana Lemos es Logopeda en CAIS