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Qué es la Mediación familiar y por qué puede serte útil

Raquel Suárez Ramos

 

            En la época actual que vivimos, sabemos y conocemos que una parte muy importante de los matrimonios y/o de las parejas acaban en un período a corto o medio plazo en separación. Las estadísticas nos muestran que, de cada diez matrimonios, más del cincuenta por ciento acaban en separación.

            Las consecuencias de este desenlace la sufre, no sólo la propia familia, sino principalmente los hijos en común. En los casos en que se toma la decisión de separarse, lo más habitual es acudir a un abogado para gestionar cosas tan importantes como: custodia de los hijos si los hay, reparto del patrimonio, etc. Pero  esto no siempre se consigue, ya que en la mayoría de los casos no existe acuerdo, debido a que la relación está muy deteriorada y es muy difícil que cuando la pareja se separa lleguen  a un acuerdo, no sólo a nivel extrajudicial sino también judicial.

            Si se  opta por la vía judicial, sistema que es muy lento y costoso, en muchos de los casos al dictar sentencia el juez con la información que  posee, una de las partes se verá favorecida en detrimento del otro.

¿Qué es la mediación familiar?

            Es un sistema para muchos novedoso, ya que en la actualidad no todo el mundo lo conoce. Muchas veces es sugerido este servicio por jueces o abogados; en otras ocasiones, las menos, es la pareja quien por voluntad propia acude al mismo.

            La mediación es un ámbito alternativo para la resolución de conflictos, en el cual el mediador facilita alcanzar un acuerdo consensuado entre las partes, basándose en los principios de voluntariedad, transparencia y respeto mutuo, ecuánime con ambas partes y nunca decantándose por una de ellas.  Lo  que se  pretende es primordialmente que la separación no sea tan traumática y dolorosa como puede llegar a ser tras un  proceso legal.

            La función del mediador es, como la propia palabra indica,  mediar entre las partes, de forma imparcial y neutral, con el fin de resolver los conflictos familiares a través de una optimización de los pactos entre la pareja con un beneficio mutuo para ambos. En caso de que existiesen niños, el enfoque se realizaría primordialmente en el interés superior del niño, es decir, lo que en términos jurídicos se conoce como “el mejor prever para el menor”.

            La mediación tiene en cuenta otros factores que en un proceso legal pasan por alto. Estos son principalmente las emociones y que los interesados puedan expresar sus sentimientos e inquietudes, intentado llegar entre ambas partes a un consenso o denominador común, salvando así los difíciles momentos con el menor coste emocional posible; por tanto, la finalidad del mediador será restaurar la capacidad de la pareja para comunicarse.

            Para alcanzar todo ello, el mediador  posee formación específica en resolución de conflictos. La forma de trabajar es a nivel sistémico, es decir, se trabaja con la familia a nivel sociofamiliar. El ámbito no es terapéutico, pero el objetivo es intentar llegar a una resolución lo más provechosa para ambos, teniendo como meta principal el  bienestar de los hijos, máxime si son menores, cosa que ocurre en la mayor parte de los casos. En el proceso de mediación la pareja expone todo aquello que le pueda preocupar, sus dudas, situación, inconvenientes, etc. El mediador tiene como función mediar entre ambos y llegar a un acuerdo en común que beneficiará a ambas partes.

¿Quién  demanda el proceso de mediación?

            En general es demandado por los abogados, ya que en muchos casos ellos no consiguen un acuerdo entre la pareja, siendo desbordados por los conflictos y malestar  generados. En otras ocasiones es el mismo juez quien, por iniciativa propia, encomienda este proceso ante los desacuerdos y la  mala situación que observa entre ambos.

Ventajas de la mediación ante un proceso contencioso

            Son múltiples las ventajas que ofrece este tipo de procedimiento, algunas de ellas son:

            Tardarás menos en resolverlo:    La mediación requiere menor tiempo que un proceso contencioso, ya que aquella se reduce a llegar a un acuerdo en común a través del mediador y no esperar, como ocurre en el sistema judicial, un tiempo en muchos casos excesivo para la celebración del juicio y posterior sentencia.

            Te costará menos dinero:    Tiene un menor coste económico que un  procedimiento judicial, ya que este último conlleva unos  gastos considerables de letrados  y procuradores, mientras que el de mediación tendría como único coste el importe de las sesiones de mediación.

            Será más fácil de sobrellevar:    Disminuye el desgaste emocional que supone un procedimiento contencioso que, al pertenecer al área del derecho civil suele ser largo y las personas, hasta que no haya sentencia, no suelen pasar página en sus vidas; además, muchas veces se recurren dichas sentencias, por lo que el desgaste emocional acaba siendo cada vez mayor,

            El mediador cuenta contigo:   Los acuerdos a los que llegan a través del mediador los definen ellos, con lo cual son parte activa del proceso, mientras que  a nivel judicial es  el juez el que establece una sentencia, para la cual no tiene tanta información por los autos judiciales como puede tener el mediador con su trato personal a los mediados.

            El proceso equivale legalmente a una sentencia:    Tiene la misma validez que un proceso judicial ya que, al llegar a un mutuo acuerdo entre las partes, éste se protocoliza en un acta notarial, por lo que tiene la misma validez legal que una sentencia para exigir el cumplimiento de esos acuerdos.

Raquel Suárez es Psicóloga en CAIS