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La culpa nunca es mía

María José Imedio López

 

            Hace unos días me encontré con una amiga y tomamos una caña, sentadas cómodamente para poder charlar un ratito, en lugar de estar en medio de la acera estorbando. Las dos sabíamos que nuestro saludo se prolongaría al menos una hora.

            Recuerdo que durante nuestra conversación, aunque se definiría mejor como monólogo pues fue ella quien habló todo el tiempo, la charla la dedicó a su hija de cinco años que aún llora cuando la deja en el colegio por las mañanas, “cosa que la entristece mucho” (palabras de mi amiga) “¡…Porque es obligatorio  llevarla al cole, si no, la dejaba en casa conmigo, igual que cuando era pequeñita y, en lugar de llevarla a la Escuela Infantil, yo la cuidaba en casa …!”

            Por mi parte, ante toda esta verborrea de madre, madraza única, me limitaba a escuchar y pensar, me daba tiempo a todo. Me preguntaba cómo es posible que una mujer joven, preparada, con estudios superiores, con ideas de mujer progresista y perseguidora de libertad, igualdad e independencia para todos, una mujer del siglo veintiuno, según ella; sea incapaz de ver cómo está dirigiendo los pasos de su hija hacia un estado de dependencia total, sea incapaz de discernir el grave problema que está fomentando entre ambas. Me preguntaba por qué no se cuestiona si el motivo que provoca el llanto y la desesperación de su hija es que se siente abandonada allí en el cole, cuando la niña lo que quiere es continuar sintiéndose protegida por su madre y ser la protagonista de todo cuanto la rodea.

            En el colegio tendrá que aprender a compartir, a valerse por sí misma, a relacionarse con otros niños como ella y con profesores que no siempre se parecerán a su madre, porque hay muchos más niños a los que atender.

            Muchas veces los padres son los causantes de los problemas que aparecen en los niños, pero culpan a imaginarios agentes externos de motivar esos estados de ansiedad, miedo, aislamiento, agresividad, inadaptación, tristeza, angustia… y otros muchos que formarían una larga lista.

            Padres, madres, no se puede ser tan egoísta, o tal vez cómodos… ¿o quizás es que nos refugiamos en los hijos por miedo a enfrentarnos a nuestros propios problemas?

María José Imedio es Maestra en Educación Infantil y Experta en Atención Temprana. Directora de CAIS