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EL OCIO PARA NIÑOS CON DIVERSIDAD FUNCIONAL

Noelia Blanco Frías

 

¿Qué es el ocio?

          Podemos concebir al ocio, de forma genérica, como el conjunto de actividades a las que puede dedicarse una persona voluntariamente, después de quedar libre de sus ocupaciones, para descansar, divertirse e interactuar con otros.

Pero…. ¿Por qué es importante?

          La calidad de vida de las personas no se puede conseguir totalmente sin desarrollar un área importante para el bienestar emocional, el desarrollo de relaciones personales y la inclusión en la sociedad: el ocio.

          El ocio pretende ofrecer a los niños, con o sin diversidad funcional, la posibilidad de participar en diferentes actividades en un entorno normalizado donde puedan disfrutar como cualquier niño de su edad.

          Es obvio recalcar que toda persona, sea adulto, adolescente o niño, tiene derecho a disfrutar su tiempo de descanso desarrollando las actividades que le gusten y socializándose con un grupo.

¿Qué tipo de ocio le viene bien a mi hijo?

          No existe una sola manera de concebir el ocio. Cada niño tiene preferencias y gustos distintos. Debemos escuchar a nuestros hijos y potenciar aquellas actividades donde se encuentren a gusto, no se frustren y las puedan desarrollar, sin limitarles ni cohibirles.

¿Cómo debe ser el ocio que necesitan nuestros hijos?

          A la hora de plantearnos un ocio de calidad para nuestros hijos debemos tener en cuenta una serie de aspectos:

– Debe ser participativo: respetando los ritmos y las capacidades funcionales de cada uno y buscando lo positivo que pueda aportar al grupo.

– Relacional: buscando en todo momento la relación de nuestros hijos con el entorno, potenciando los estímulos positivos que les permitan experimentar y disfrutar con lo que les rodea.

– Lúdica: como niños que son, el juego es el vehículo fundamental de aprendizaje y relación con los demás. La diversión, el entretenimiento, la risa, etc., son el mejor recurso de que disponemos para conseguir actividades conjuntas adaptadas a cada uno.

– Flexible: partiendo de la base de que cada niño tiene diferentes capacidades y, por tanto, distintas funcionalidades, tenemos que poner en práctica las estrategias necesarias que les permitan desarrollar sus potencialidades y aportar al grupo un aprendizaje compartido.

– Activa: basándonos en situaciones motivadoras. Creemos que se “aprende haciendo” y para ello hay que enfrentar a nuestros hijos a distintas situaciones, contextos y actividades que les permitan desarrollar sus capacidades.

– Creativa: Las propuestas de programación deben de ser eso: propuestas, negociadas, consensuadas y modificadas por el propio grupo que debe aportar sus ideas y buscar soluciones creativas pensando en todos. Esta es la mejor forma de que las actividades incluyan a todos, se pongan unos en el lugar de los otros y busquen entre todos ellos las estrategias necesarias que necesitan para desarrollar dichas propuestas. Del grupo para el grupo.

– Grupal:  Hasta ahora la intervención con menores con diversidad funcional se centraba en medidas de rehabilitación individual, pero todo el mundo vive en sociedad, en grupo, forma parte de un contexto y, por lo tanto, toda intervención con los niños debe basarse en las acciones en grupo para aprender a respetar las capacidades de cada cual, sin que eso exima de conocer las necesidades individuales y poner las medidas necesarias que proporcionen situaciones de equidad entre unos y otros.

 

Noelia Blanco es Pedagoga, Experta en Atención Temprana y Estimuladora en CAIS