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LA DISLEXIA

Por Paz Alconada Escudero

 

¿QUÉ ES LA DISLEXIA?

La dislexia es un trastorno que se manifiesta por una dificultad en el aprendizaje de la lec­tura pese a la instrucción convencional, con una inteligencia adecuada, una visión y audi­ción normal y buenas oportunidades socioculturales (definición de la Federación Mundial de Neurología).

Según la clasificación internacional del Diagnóstico de los trastornos mentales, la dislexia se recoge como un trastorno específico del aprendizaje, que se refleja en dificultades en la lectura o dislexia y/o dificultad en la expresión escrita. Los criterios que se tienen en cuenta son los siguientes:

      • Dificultades en la lectura de palabras imprecisas, con lentitud y con esfuerzo.
      • Dificultad para comprender el significado de lo que lee.
      • Dificultades ortográficas y en la expresión escrita.
      • Dificultades de aprendizaje que se inician en la edad escolar pero pueden no manifestarse totalmente hasta que las demandas de las aptitudes académicas superan las capacidades limitadas.
      • Las aptitudes académicas afectadas se presentan en grado sustancialmente por debajo de lo esperado para su edad cronológica.

La principal ca­racterística que define al niño y niña con dislexia, es la dificultad para decodificar las pala­bras; tienen enormes dificultades para aprender las reglas de conversión de grafemas en fonemas y, sobre todo, les cuesta automatizar esas reglas. Como consecuencia, su lectura es muy lenta e imprecisa, en especial cuando se trata de palabras largas de baja frecuen­cia o desconocidas.

Otros síntomas que suelen ir asociados a la dislexia son dificultades en la segmentación fonológica, lentitud en el procesamiento lingüístico, escaso vocabu­lario, baja fluidez verbal y reducida memoria operativa o memoria verbal a corto plazo. También pueden presentar, aunque no necesariamente, problemas perceptivo-visuales, problemas en la percepción del habla y alteraciones en la coordinación motora.

Es frecuente la presencia conjunta de la dislexia con otras disfunciones como el TDAH, la disgrafía y la discalculia.

La dislexia es un trastorno persistente, las repercusiones de las dificultades para la lectura y escritura irán cambiando a lo largo de la vida, pero siempre estarán presentes en todas las eta­pas, a pesar de que en muchos casos, con ayuda, podrán compensarse y permitir a la persona afectada una lectura precisa. Es de vital importancia realizar una detección precoz y su consiguiente intervención, dado que con ello se consigue minimizar su repercusión.

ORIENTACIONES A LAS FAMILIAS

El papel más importante que tienen que cumplir las familias del niño con dislexia, es el de apoyo emocional y social.

Con respecto al apoyo emocional y social, el niño o niña debe saber que sus familias com­prenden la naturaleza de sus problemas de aprendizaje.

      • El mensaje importante que hay que transmitirle al niño, es que todos los implicados en su educación sabemos que su capacidad intelectual es la adecuada y que quizás ha tenido que esforzarse mucho más en su trabajo para conseguir su nivel de lec­tura y escritura actual.
      • Se recomienda evitar una excesiva preocupación en la familia, ya que puede aumentar los problemas del niño o niña, incrementando su angustia.  
      • Así mismo, es importante desarrollar la autoestima a todos los niveles, en espe­cial, cuando se sienta decaído o fracasado, sin caer en la sobreprotección o «todo vale», considerando a su hijo o hija con su propio nivel, esfuerzo y rendimiento.
      • Hacerle saber que el éxito puede implicar gran cantidad de trabajo, pero que se comprende su problema y que recibirá una ayuda específica para ello.

Se debe intentar dentro del ámbito familiar y respecto al proceso de aprendizaje del niño,  que  se den situaciones y condiciones de refuerzo positivo y de aprendizaje exitoso.

Las tareas que se pueden realizar en el ámbito familiar y que favorecen los avances de su hijo o hija son las siguientes:

      • Hable y escuche a su hijo o hija utilizando un lenguaje rico y expresivo. Con nues­tras explicaciones, los niños y las niñas irán aprendiendo mucho sobre la lengua escrita y sobre los escritos que usamos habitualmente. Pídales que le cuenten acerca de lo que ha hecho en la escuela.
      • Aproveche cualquier situación de la vida cotidiana para despertar la curiosidad de los niños y niñas por todo tipo de texto escrito.
      • Practique la lectura en voz alta de cuentos acercando a su hijo o hija a los mundos maravillosos creados por la literatura.
      • Presente la lectura como una manera divertida y emocionante de ocupar el tiem­po libre.
      • Ayudarle a que aprenda a organizarse el trabajo, a que sepa calcular cuánto tiem­po le supondrá realizar las tareas escolares o preparar un examen.
      • Ayudarle a que sea capaz de organizarse la mochila y los materiales para las acti­vidades extraescolares.
      • Prever las pausas para evitar la fatiga excesiva.
      • Utilizar códigos de colores para favorecer la localización de las cosas que necesita.
      • Ayudarle a gestionar su agenda diaria y semanal.
      • Ayudarle a hacer mapas conceptuales para mejorar sus técnicas de trabajo inte­lectual.
      • Practique juegos diversos que ayuden a desarrollar la conciencia fonológica (do­minó de letras, crucigramas, veo-veo, palabras encadenadas).
      • Favorezca el hábito de la lectura. La mejor manera de hacerlo, es ponerlo en prác­tica cada día. Es recomendable dedicar todos los días un tiempo a la lectura en contextos lúdicos, tales como la lectura compartida o lectura de cuentos.
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Déjele claro que comprende sus dificultades, que siempre estará a su lado para ayudarle, que logrará avances aunque le cueste mucho y que podrá contar con ayuda específica para eso.

Sea paciente con el ritmo de lectura de su hijo o hija.

Muestre entusiasmo con su incipiente capacidad lectora.

Sugiera lecturas, no obligue a leer.

Propicie un clima agradable y relajado para la práctica de la lectura.

 

Paz Alconada es Psicóloga Clínico y experta en Audición y Lenguaje en CAIS