Seleccionar página

 

Qué es la dislexia

La dislexia es un trastorno que se manifiesta por una dificultad en el aprendizaje de la lec­tura pese a la instrucción convencional, con una inteligencia adecuada, una visión y audi­ción normal y buenas oportunidades socioculturales (definición de la Federación Mundial de Neurología).

Según la clasificación internacional del Diagnóstico de los trastornos mentales, la dislexia se recoge como un trastorno específico del aprendizaje, que se refleja en dificultades en la lectura o dislexia y/o dificultad en la expresión escrita. Los criterios que se tienen en cuenta son los siguientes:

      • Dificultades en la lectura de palabras imprecisas, con lentitud y con esfuerzo.
      • Dificultad para comprender el significado de lo que lee.
      • Dificultades ortográficas y en la expresión escrita.
      • Dificultades de aprendizaje que se inician en la edad escolar pero pueden no manifestarse totalmente hasta que las demandas de las aptitudes académicas superan las capacidades limitadas.
      • Las aptitudes académicas afectadas se presentan en grado sustancialmente por debajo de lo esperado para su edad cronológica.

La principal ca­racterística que define al niño y niña con dislexia, es la dificultad para decodificar las pala­bras; tienen enormes dificultades para aprender las reglas de conversión de grafemas en fonemas y, sobre todo, les cuesta automatizar esas reglas. Como consecuencia, su lectura es muy lenta e imprecisa, en especial cuando se trata de palabras largas de baja frecuen­cia o desconocidas.

Otros síntomas que suelen ir asociados a la dislexia son dificultades en la segmentación fonológica, lentitud en el procesamiento lingüístico, escaso vocabu­lario, baja fluidez verbal y reducida memoria operativa o memoria verbal a corto plazo. También pueden presentar, aunque no necesariamente, problemas perceptivo-visuales, problemas en la percepción del habla y alteraciones en la coordinación motora.

Es frecuente la presencia conjunta de la dislexia con otras disfunciones como el TDAH, la disgrafía y la discalculia.

La dislexia es un trastorno persistente, las repercusiones de las dificultades para la lectura y escritura irán cambiando a lo largo de la vida, pero siempre estarán presentes en todas las eta­pas, a pesar de que en muchos casos, con ayuda, podrán compensarse y permitir a la persona afectada una lectura precisa. Es de vital importancia realizar una detección precoz y su consiguiente intervención, dado que con ello se consigue minimizar su repercusión.

ORIENTACIONES A LAS FAMILIAS

El papel más importante que tienen que cumplir las familias del niño con dislexia, es el de apoyo emocional y social.

Con respecto al apoyo emocional y social, el niño o niña debe saber que sus familias com­prenden la naturaleza de sus problemas de aprendizaje.

      • El mensaje importante que hay que transmitirle al niño, es que todos los implicados en su educación sabemos que su capacidad intelectual es la adecuada y que quizás ha tenido que esforzarse mucho más en su trabajo para conseguir su nivel de lec­tura y escritura actual.
      • Se recomienda evitar una excesiva preocupación en la familia, ya que puede aumentar los problemas del niño o niña, incrementando su angustia.  
      • Así mismo, es importante desarrollar la autoestima a todos los niveles, en espe­cial, cuando se sienta decaído o fracasado, sin caer en la sobreprotección o «todo vale», considerando a su hijo o hija con su propio nivel, esfuerzo y rendimiento.
      • Hacerle saber que el éxito puede implicar gran cantidad de trabajo, pero que se comprende su problema y que recibirá una ayuda específica para ello.

Se debe intentar dentro del ámbito familiar y respecto al proceso de aprendizaje del niño,  que  se den situaciones y condiciones de refuerzo positivo y de aprendizaje exitoso.

Las tareas que se pueden realizar en el ámbito familiar y que favorecen los avances de su hijo o hija son las siguientes:

      • Hable y escuche a su hijo o hija utilizando un lenguaje rico y expresivo. Con nues­tras explicaciones, los niños y las niñas irán aprendiendo mucho sobre la lengua escrita y sobre los escritos que usamos habitualmente. Pídales que le cuenten acerca de lo que ha hecho en la escuela.
      • Aproveche cualquier situación de la vida cotidiana para despertar la curiosidad de los niños y niñas por todo tipo de texto escrito.
      • Practique la lectura en voz alta de cuentos acercando a su hijo o hija a los mundos maravillosos creados por la literatura.
      • Presente la lectura como una manera divertida y emocionante de ocupar el tiem­po libre.
      • Ayudarle a que aprenda a organizarse el trabajo, a que sepa calcular cuánto tiem­po le supondrá realizar las tareas escolares o preparar un examen.
      • Ayudarle a que sea capaz de organizarse la mochila y los materiales para las acti­vidades extraescolares.
      • Prever las pausas para evitar la fatiga excesiva.
      • Utilizar códigos de colores para favorecer la localización de las cosas que necesita.
      • Ayudarle a gestionar su agenda diaria y semanal.
      • Ayudarle a hacer mapas conceptuales para mejorar sus técnicas de trabajo inte­lectual.
      • Practique juegos diversos que ayuden a desarrollar la conciencia fonológica (do­minó de letras, crucigramas, veo-veo, palabras encadenadas).
      • Favorezca el hábito de la lectura. La mejor manera de hacerlo, es ponerlo en prác­tica cada día. Es recomendable dedicar todos los días un tiempo a la lectura en contextos lúdicos, tales como la lectura compartida o lectura de cuentos.
  •  

Déjele claro que comprende sus dificultades, que siempre estará a su lado para ayudarle, que logrará avances aunque le cueste mucho y que podrá contar con ayuda específica para eso.

Sea paciente con el ritmo de lectura de su hijo o hija.

Muestre entusiasmo con su incipiente capacidad lectora.

Sugiera lecturas, no obligue a leer.

Propicie un clima agradable y relajado para la práctica de la lectura.

 

 

Qué son las Dislalias 

          Las dislalias, muy frecuentes en la etapa infantil, son alteraciones en los sonidos realizados al hablar. Coloquialmente, podríamos escuchar o decir que un niño o niña “habla mal”.

          Mientras el niño o niña aprende a hablar, se realizan cambios en la pronunciación de las palabras (se llaman dislalias evolutivas: Es la que tiene lugar en la fase de desarrollo del lenguaje infantil, en la que el niño o niña no es capaz de repetir por imitación las palabras que escucha y lo hace de forma incorrecta. No precisa un tratamiento directo, pues forma parte de un proceso normal, aunque es necesario mantener con el niño o niña un comportamiento lingüístico adecuado que ayude a la maduración para evitar posteriores problemas), pero si estos errores duran más allá de los cuatro años, se considera una alteración del habla (serían las dislalias funcionales: El niño o niña que la padece no usa correctamente los órganos fonoarticulatorios a la hora de articular un fonema a pesar de no existir ninguna causa o enfermedad. Es la más frecuente. Por tanto, el niño o niña en algunos casos sabe que articula mal y quisiera corregirse, por eso trata de imitar, sin embargo sus órganos no obedecen y no encuentran el movimiento deseado).

          Estos errores a la hora de hablar, suceden en niños y niñas que no muestran patologías en el Sistema Nervioso Central, trastornos o problemas en los órganos fonoarticulatorios a nivel anatómico (problemas en la boca, lengua, mandíbula…).

          Los errores más habituales que los padres y familias nos podemos encontrar cuando su hijo o hija está hablando pueden ser:

  • Omisiones: por ejemplo, dice “tana” por “ventana”, “illa” por “silla” o “paza” por “plaza”. Esto sucede cuando el niño o niña no sabe pronunciar alguna letra o sílaba en cualquier lugar de la palabra, y no la dice.
  • Sustituciones: por ejemplo, dice “lodo” por loro” (sustituye la /r/ por la /d/) o “bufanta” por “bufanda” (sustituye la /d/ por la /t/). Esto ocurre cuando el niño o niña no es capaz de decir la letra en la palabra, pero la reemplaza por otra que si sabe pronunciar. Es el error de mayor frecuencia dentro de las dislalias.
  • Inserciones: por ejemplo, dice “palatano” en vez de “plátano”. Aquí lo que sucede es que el niño o niña intercala un sonido o una silaba donde presenta el problema de pronunciación.
  • Distorsiones: aquí lo que pasa es que el niño o niña articula mal el sonido, sonando diferente a como sería el correcto, pero de forma aproximada a su sonido.
  • Puede darse en cualquier fonema, pero lo más frecuente es la sustitución, omisión o deformación/distorsión de r, k, l, s, z, o ch.

          Además de las dislalias evolutivas y funcionales, está la dislalia audiógena, que es la alteración en la pronunciación por una mala audición. Esta ocurre normalmente cuando el niño o niña tiene hipoacusia o pérdida auditiva (es la causa de este tipo de dislalia) y, según esta pérdida, dificulta en menor o mayor grado la adquisición del lenguaje, además de dificultar el aprendizaje escolar, entre otros problemas en la personalidad (ocurre en las hipoacusias). Y existen otras dislalias, las llamadas dislalias orgánicas, que ocurren cuando se encuentra afectado el Sistema Nervioso Central (reciben el nombre de disartrias, y forman parte de los problemas del lenguaje que se encuentran en las personas con discapacidad motora) o, si ocurren por problemas o malformaciones en los órganos del habla (labios, lengua, paladar…), reciben el nombre de disglosias.

          Hay que saber, y tener en cuenta, que una dislalia evolutiva y la  funcional van a tener mejor pronóstico a la hora de trabajarlas en las sesiones logopédicas que las dislalias audiógenas y orgánicas, ya que estas últimas están ligadas a déficits y trastornos, y las primeras no.

 

 

¿QUIÉNES SON LOS NIÑOS Y NIÑAS CON DISLALIAS?

          Cuando escuchamos a los pequeños y pequeñas hablar, para saber que presentan dislalias, hemos de tener en cuenta que:

  • Existan errores en la articulación de los sonidos del habla.
  • Debemos estar alerta si estos errores ocurren cuando son mayores de cuatro años.
  • Debemos descartar de que no sean niños y niñas con problemas auditivos, o que presenten algún tipo de trastornos neurológicos, discapacidad intelectual, o problemas por cambio idiomático.

          Ante cualquier caso de problemas de articulación, si vuestro hijo o hija es mayor de cuatro años y este tipo de errores perdura en el tiempo, no dudéis en contactar con nuestro Centro;  nuestro equipo de logopedas estará a vuestra entera disposición y, como equipo multidisciplinar, os resolveremos cualquier tipo de duda que pueda surgir.

 

Estamos a tu disposición para cualquier consulta con respecto a la solicitud de plaza:

91 616 63 04   /   691 840 526   /   654736171  cais@atencionintegral.es

C/ Fernando III nº 4, local 2-3.  Villaviciosa de Odón (Madrid)