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4 consejos para que tu peque aprenda a dormir solo

Diana Martínez Carracedo

 

          Baño, cena, acostar al niño/a, preparación de la ropa del día siguiente, un rato de lectura/TV…Parece que ya está todo en orden pero ¡el peque no se duerme! Llamadas de atención continuas que cansan y sensación de que no se va a dormir en toda la noche… Algunos niños piden la atención de sus padres y madres reiteradamente por la noche por diferentes motivos. Si el niño tiene el hábito de dormir con sus padres, el cambio a dormir solo debe ser gradual, al igual que un cambio de cuna a cama. Por otra parte, de forma general, a partir de los dos años de edad suelen producirse regresiones en niños que ya dormían solos y empiezan a llorar, buscan a sus padres, se levantan muchas veces en la noche, etc. Estas vueltas a fases anteriores pueden relacionarse con un cambio de cuna a cama, pesadillas o el nacimiento de un hermano o hermana. Es precisamente a partir de los dos años de edad cuando podemos empezar a trabajar con los peques para que pueda empezar a dormir en una habitación diferente a la de los progenitores.

          Para algunos padres resulta muy difícil desprenderse de los niños cuando todavía los sienten tan pequeños, no obstante se trata de una mala costumbre mantener al pequeño en la habitación de los progenitores a partir de cierto momento de la vida, obstaculizando una autonomía que el niño o niña debe empezar a percibir. Para lograr que el peque sea capaz de dormir solo podemos intentar varias cosas:

          Genera una rutina. Un baño y un cuento antes de dormir pueden hacer que tu hijo o hija esté más calmado y esta pequeña rutina le ayudará a anticipar lo que corresponde en ese momento. Es fundamental que cumplas con todo compromiso que adquieras con tu hijo, es decir, si le dices que en cinco minutos vas a ir a ver si está dormido para que se sienta seguro y cerca de ti, deberás hacerlo. La constancia es necesaria, por ejemplo, siguiendo un horario cada día, pues no puede comprenderse una rutina sin ella. Si un día se le permite al niño/a dormir en un lugar y otro día duerme en otro, se podría desorientar.

          Felicítale. Un refuerzo positivo cuando cumple con lo que habéis acordado favorecerá que repita la conducta. Mostrar afecto también es una forma de felicitar.

          Evita el exceso de estímulos. Numerosos estudios han demostrado que el momento de acoger el sueño debe acompañarse de un entorno tranquilo libre de estímulos sonoros y luminosos que puedan perturbar el sueño. Muchas veces las habitaciones infantiles no son precisamente espacios libres de estos estímulos, por ello resulta fundamental hablar más bajo y despacio, retirar los móviles y otros objetos de este tipo, oscurecer el cuarto, etc.

          No permitas que pierda el tiempo antes de acostarse. Los minutos previos al sueño no deben realizarse actividades que estimulen, de lo contrario la fatiga será mayor en relación a lo tarde que se acuesten. Es muy probable que tu hijo o hija de tres, cuatro o cinco años te pida agua, un cuento más, buscar un peluche, etc. Todo ello forma parte de su estrategia para pasar más rato contigo o para sentirse más mayor por acostarse un poco más tarde. Como ya sabemos, los niños y niñas son grandes negociantes y debemos mantenernos alerta como padres y madres para no caer en sus redes. Una buena opción para contrarrestar esto es ofrecerles dos o tres opciones con las que estás de acuerdo. Por ejemplo, ¿quieres acostarte ya o dentro de cinco minutos? Así, sentirá que elige sin burlar tu consideración. También pueden incluirse sus peticiones en la rutina nocturna, como el vaso de agua. Resulta fundamental para el futuro de los pequeños mantener el equilibrio de los acuerdos sanos sin ceder deliberadamente ni caer en la imposición, manteniéndonos claros y firmes, pero calmados.

          ¿Qué tal duerme tu peque? ¿Ya duerme solo? ¿En tu caso fue fácil?             

Diana Martínez es Trabajadora Social en CAIS